Se fue
Volando con sus grandes orejas, como un elefante de cuento. Dejando las huellas de sus pasos, la letra impresa de sus escritos.
Se fue por el aire o por el mar, vaya usted a saber, o surcando los caminos de la luna que se pierden sobre el horizonte de su Atlántico gallego y marinero.
Quizás se fue pasito a pasito sobre un sendero de libros que hablaban de barcos y peregrinos, de tiestos llenos de lápices, de perros y niños, de sombras y viento.
Se fue por tierras de pan llevar, en una crónica de media tarde, de la mano de su abuelo.
Nos dejó el silencio, el vacío -inmenso- que siempre dejan los que ocupan tanto. A pesar de su pequeña estatura, de sus ojos pequeños, de sus manos pequeñas. El vacío que dejan los grandes gigantes cuando se mueren.
Nos dejó sus palabras, sus libros, sus recuerdos, los momentos-efímeros o intensos- de los que coincidimos con él, en algún lugar, algún día, en su camino.
Se nos ha ido el escritor rebelde de léxico preciso, el que no escribía para jóvenes.
“…Yo no he destinado mi obra a los niños. Los niños han cogido mi obra como suya. Son ellos los que han hecho que mi obra sea infantil”.
También el hombre comprometido, humano y solidario, el que se reía de sí mismo, el crítico, el irónico, el tímido que, sin embargo, sabía bien lo que quería ser y hacer durante su paso por el mundo.
"Gallego, nacido, criado y recriado en Galicia. Escritor con posibilidades, ex-marinero, ex-estudiante. Unos opinan que soy triste, huraño y tímido. Otros opinan que soy alegre, desenfadado y optimista. Normalmente me encuentro feo, todo depende del espejo y de mi estado de ánimo. Sé lo que quiero. Lo conseguiré si no estiro la pata antes de tiempo. Me gusta viajar y viajé tanto como me vino en gana. Algunas cosas de las que ocurren a mi alrededor me repelen, otras me atraen y otras me dejan indiferente. Me revientan los ficheros metálicos, las jaulas, los bloques de viviendas con más de trescientos vecinos y la pesca con carburo. Opino que el refranero es definitivo cuando dice que en todas partes cuecen habas. Me consuela la certeza de que cada libro es independiente de los demás y de que no estoy obligado a ser fiel a determinado tipo de lectores si al día siguiente descubro que estos lectores y yo estábamos equivocándonos. Me ocurre, creo, lo que a mucha gente, que unas veces me encuentro joven y otras viejo. Como escritor espero hacer cosas porque si no, no escribiría, esto es elemental".
Hay gente que nunca debería marcharse. Que son siempre necesarias e imprescindibles. Sin las que el mundo se convierte en un lugar un poco peor. Gente que nos ayudan a crecer, a ser mejores. Gente generosa y honesta que hacen que los espacios que habitamos sean mucho más habitables.
Afortunadamente Juan Farias nunca se irá del todo. Sus libros seguirán haciendo su trabajo.
Gracias Juan. Gracias Farias. Gracias amigo.












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